A unos 60 kilómetros de la ciudad de Posadas, capital de Misiones, se encuentran unas de las ruinas más importantes de la misión jesuita, conocida como San Ignacio Miní.

Esta reducción está ubicada en el departamento de Candelaria, declarado Monumento Histórico Provincial, luego Monumento Histórico Nacional y posteriormente Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Fue fundada por los padres José Cataldino y Simón Masseta en el actual pueblo de San Ignacio, en donde los restos de las ruinas encontradas en ese lugar fueron completamente restauradas, y hoy en día se conservan en su totalidad debido a que es un predio totalmente cercado y preservado por las autoridades locales.

La iglesia que se encuentra en su interior posee grandes muros laterales elaborados por piedras labradas y decorados con diseños característicos del movimiento religioso. Uno de los aspectos característicos de las ruinas de San Ignacio Miní es su portal de entrada, en donde podemos apreciar las esculturas labradas en piedra.

El colegio, en donde se daban clases con contenidos católicos, se nota el paso del tiempo, y el desgaste producido por los distintos efectos climáticos que se han producido en esa localidad. El lugar, compuesto por aulas, una cocina, una despensa y refectorios, se sigue conservando con ayuda de políticas del gobierno local.

En los locales en donde se realizaban los talleres, aún se conservan los muros, galerías, ventanas y puertas que dan a los patios que unen los distintos ambientes. También hay viviendas, en donde se alojaban los viajeros que promulgaban su religión, como así también aquellos que iban a aprender.

Se ha abierto un museo el cual contiene más elementos característicos de las ruinas San Ignacio Miní, como así también información de cada aspecto de este monumento histórico. Los horarios de atención del mismo son de 7 a 19 horas todos los días, además se agrega una presentación realizada a partir de las 19 horas.

Existen muchas reducciones jesuíticas dispersas por Argentina, Brasil y Paraguay, muchas de las cuales aún se conservan, y fueron creadas con el fin de evangelizar a aquellos indios que no tenían conocimiento acerca de esta religión proveniente de otro continente. La mayoría de estas reducciones fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su enorme valor histórico, ya que su presencia fue fundamental para extender los horizontes de la religión en toda la población aborigen que menos se veía beneficiada por los centros poblacionales de estos tres países.